Diferentes clases de activos: Riesgo, recompensas y reacciones a la inflación

clases de activos

Analizamos las clases de activos

La creación de una cartera con diferentes clases de activos bien diversificada debe ser un objetivo de inversión fundamental para cualquier inversor con una visión a largo plazo. Mediante la combinación de activos de diferente naturaleza se puede reducir el riesgo y aumentar la rentabilidad.

La selección de activos debe basarse en repartir los ahorros en diferentes clases de activos que reaccionan de manera diferente a los movimientos del mercado. De esta manera, si uno no evoluciona como estaba previsto, tu cartera estará equilibrada por el buen comportamiento de otras inversiones.

En este artículo analizamos los principales clases de activos: depósitos o cuentas de ahorro, bonos, acciones, materias primas y la inversión en el mercado inmobiliario y veremos que cada uno tiene una relación riesgo/rentabilidad diferente.

clases de activos

Los depósitos y cuentas de ahorro junto a los bonos se sitúan en la parte inferior de la escala de riesgo pero también la rentabilidad es menor. La inversión inmobiliaria y la renta variable suponen un nivel ligeramente más alto de riesgo, aunque ofrecen rentabilidades proporcionalmente mayores. Sin embargo, las materias primas representan un alto nivel de riesgo, a pesar de ofrecer rendimientos bajos.

Depósitos y cuentas de Ahorro

La parte positiva de este tipo de activo es que con los depósitos el depositante tiene plena liquidez y garantía de los Fondos de Garantía de Depósitos nacionales por debajo de 100.000€ por depositante. Es decir, si quieres puedes retirar tu dinero, probablemente con alguna penalización en el cobro de los intereses.

Normalmente el dinero está bloqueado por un período de tiempo medio- largo, pero está seguro; debido a ello, este tipo de activo se sitúa en el extremo inferior del riesgo. Pero este bajo nivel de riesgo viene acompañado por una baja rentabilidad.

Según datos del Banco de España, hasta abril la rentabilidad media de los depósitos entre uno y dos años se sitúa en el 0,12%.

Esta cifra queda muy por debajo del 1,5%* de tasa de inflación con la que la OCDE espera que España despida el 2017, por lo que todo aquel que a día de hoy contrate un depósito estará perdiendo poder adquisitivo.

Un tópico muy sonado es que el dinero depositado en el banco no puede generar una pérdida de capital. Tener el dinero en el banco puede parecer que nunca es pérdida de capital pero con el aumento de inflación previsto para los próximos 10 años (si la tasa de inflación coincide con el promedio histórico de alrededor del 3%) el dinero es cada vez menos valioso y la inflación significará una pérdida constante de poder adquisitivo. Es decir, vas a tener la misma cantidad de dinero, pero con ella cada vez podrás comprar menos cosas. Es lo que se conoce como “capacidad de compra”.

Quizás una pérdida de 30€ durante 10 años no parece significativa, pero sí lo parece en cambio perder un tercio del valor de tus ahorros en ese período de tiempo.

Bonos

Al comprar un bono, estás prestando una cantidad de dinero específica a una entidad pública o privada, a cambio de una tasa de interés anual fija. Este bono, tendrá una ‘fecha de vencimiento’ esto es, una fecha de terminación, en la que el principal prestado se reembolsa al inversor.

Uno de los atractivos de este tipo de activo es que ofrecen una tasa de interés fija, es decir, sabes exactamente la cantidad que vas a conseguir siempre que se mantenga en cartera el bono a vencimiento y que no haya una quiebra intermedia del emisor del bono.

La volatilidad en el mercado de bonos es tradicionalmente menor a la de otros activos, lo que no implica que estén exentos de riesgos: riesgo de crédito, riesgo de precio etc. Sin embargo, vale la pena señalar que cuanto mayor es la tasa de interés es de un bono, más arriesgada será la inversión, puesto que dicha tasa lleva implícita la valoración del mercado sobre el riesgo de crédito del emisor del bono.

Acciones

Una acción es una unidad de propiedad en el capital social de una sociedad que se puede ofrecer a los inversores. El capital social está dividido en fracciones, cada una de ellas una acción, y el valor de éstas reflejará el valor que el mercado atribuye a esa sociedad, que no tiene por qué coincidir con su valor nominal (la fracción del capital social que representa).

Al comprar acciones, te conviertes en un accionista y recibirás los dividendos que esa sociedad distribuya, pagaderos normalmente de forma trimestral o anual. A diferencia de los bonos, el pago de dividendo es opcional, a decisión de la compañía emisora de las acciones. Y como sabemos, en el orden de prelación de créditos, los bonistas recuperan su dinero antes que los accionistas. Por todo ello, y por su mayor volatilidad, a igualdad de calidad del emisor, las acciones conllevan mayor riesgo que los bonos.

Por ello, al colocar tu dinero en las acciones de una empresa, no sólo puedes esperar ganancias, también hay que contemplar el riesgo de una pérdida incluso igual al capital invertido (aunque nunca mayor), ya sea porque la valoración de mercado de la sociedad se deteriore o porque ésta entre en situación concursal.

Materias primas

Se trata de una de las formas más antiguas de comercio. Al invertir en materias primas se está apostando porque subirán los precios de los hidrocarburos, los metales preciosos, los derivados animales o los productos agrícolas (petróleo, oro, café …).

Durante los momentos de crisis económica, es común que los inversores coloquen su dinero en materias primas como el oro, ya que mantienen su valor como activo refugio y se puede argumentar que como protección ante la inflación (dada la limitada cantidad de oferta que existe).

Invertir en materias primas se hace a menudo a través de contratos de futuros de productos básicos, que son contratos extremadamente complicados, incluso para inversores expertos.

Las materias primas son uno de los tipos de activo de mayor riesgo, ya que son muy volátiles.

Inversión inmobiliaria

La inversión en inmuebles implica la compra en clases de activos inmobiliarios que se espera experimenten una revalorización en el tiempo y/o generen unos ingresos mes a mes.

De 2002 a 2016 el precio por metro cuadrado de la vivienda* ha aumentado un 42,59%. Esto significa que los inversores que decidieron comprar una casa por 150.000 € en 2002, podrían haber obtenido un beneficio bruto de 63.885 € si la hubieran vendido a finales del año pasado.

Dejando la revalorización del activo a un lado, la inversión inmobiliaria puede ofrecer un flujo constante de ingresos por alquiler mensual. Manejando datos del Banco de España, el rendimiento medio bruto anual se sitúa ya en el 9,5% si tenemos en cuenta el incremento del precio de la vivienda y las plusvalías procedentes del alquiler.

Sin embargo, a no ser que dispongas ya de un gran poder adquisitivo o te endeudes con el banco a largo plazo, acceder al mercado inmobiliario puede ser complicado. Además, la inversión inmobiliaria para la explotación de una vivienda en alquiler es costosa e implica tiempo y entre la administración, el mantenimiento de la vivienda y la gestión de inquilinos, puede llegar a ser un trabajo a tiempo completo, más aún en el caso del alquiler vacacional.

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¿Cómo reaccionan las diferentes clases de activos durante períodos de inflación? 

La construcción de una cartera diversificada implica invertir en diferentes clases de activos que reaccionan de manera diferente a los factores que afectan al mercado. Durante los períodos de inflación, por ejemplo, depósitos, bonos, acciones y materias primas tienen diferentes comportamientos:

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*El precio por metro cuadrado en el primer trimestre de 2002 fue de 1.051,7 mientras que en el tercer trimestre de 2016 (hasta donde hay datos disponibles por el Instituto Nacional de Estadística (INE) fue de 1.499,7€/m2

 

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